destello solo putas

Solamente la voz del viento gimiendo llegaba a sus oídos. La angustia la rodeaba Lo sabia, no era posible, ella solo quería olvidarlo, olvidar todo aquello, pero él lo había conseguido. De nuevo dominaba su espacio. Al otro lado, paredes rosas, deformes, que inundaban su cuerpo. Él la observaba desde arriba, mientras millones de carcajadas retumbaban en sus oídos. Sola ante el espejo, recorriendo con sus dedos cada una de las arrugas que le hacían recordar todo aquello que su mente había tapado.

Gotas que mojaban sus pies desnudos, gotas rosas, el tiempo se acaba, él va a volver, lo sabía, estaba cerca. Se situó ante mí repentinamente. Ahora lo tenía delante, sin poder esquivar su voracidad. Las risas de mis compañeras se esfumaron con el atardecer, y como si hubiesen robado dos horas al tiempo, se hizo noche cerrada. Solos él y yo, él como experto depredador, en su terreno, yo como usurpadora, violando sus dominios. Yo no encontraba salida. Por fin, el roce de su lija con mi piel.

Ahora el olor le enardecería. Primero fue un terrible costalazo. Luego se asomó para mostrarme sus nueve hileras de colmillos blancos, sus ojos apagados, sin odio ni crueldad, como los de quien ejecuta una rutina. Engañado por la ninfa, probó la pócima. Ahora, una carcajada histérica estemecía todo su cuerpo mientras miraba aquella espalda convulsa en elotro extremo del universo.

Pero en ese momento solo podia notar que temblaba, y que sus dedos se clavaban sin poder evitarlo en sus brazos cruzados, agarrados fuertemente por instinto. Pero de repente empezaron a sonar aquellas voces que ya le resultaban familiares, aunque no podía identificar si provenian de su cabeza o de la misma esfera que aquella luz tan indefinible.

Mientras, caía de rodillas y el grito se convertía en carcajada. La niebla, impregnada de aquella luminosidad extraña, a ras de suelo, empezó a arremolinarse y parecía cobrar vida, ascendiendo alrededor de él, que seguía arrodillado en el suelo, con los brazos cruzados y la cabeza baja.

Allí delante se configuraba una figura, de apariencia humana pero origen desconocido. Cuando abrió los ojos la vió de nuevo: Volvía a enfrentarse a la muerte, pero ahora se entregaría a ella. Allí, difuminada por la intensa niebla y sobre el asfalto mojado, se encontraba la silueta de lo que parecía ser mi anterior yo.

Un automóvil en llamas. Entonces, en ese momento, comprendí. Giré instintivamente la cabeza a mi derecha, y un fuerte temblor sacudió todo mi nuevo ser. En ese inerte rostro, el que una vez fue mío, destacaba una amplia e irónica sonrisa que, inequívocamente, sólo podía significar una cosa: Cristina decidio, así sobre la marcha, hacer pellas.

Sus 12 años eran suficientes para decidir lo que quería hacer y ese momento la clase de ingles le parecio poco atrayente. El día anterior habia visto un circo instalado a la entrada de la ciudad, en un lugar lo sufiencientemente lejano para que nadie la descubriera.

Tomo un autobus se apeo en la parado oportuna, diviso la carpa en la misma manzana. A la entrada al circo no habia nadie, las taquillas desiertas y la puerta abierta la decidieron a entrar. Entonces escucho golpes y se encamino en esa dirección.

Parecia un carromato circular. Al lado , se encontraba un enorme de un payaso realizada en un descolorido material que cristina tampoco pudo reconocer, sorpendida reparo en la falta de nariz tan significativa en todos los payasos.

Los golpes subieron de intensidad y venian claramente del carromato-huevo. Ella trataba de encontra un acceso al interior del mismo y así descubrio una abertura ojival por la que, con las manos presionando sus oidos, paso al interior, todo estaba oscuro. Entonces cesaron los golpes, algo humedo y pegagoso la abrazo aprisionandola, no pudo gritar y en el exterior se oyo una cruel carcajada justo cuando el payaso tomaba instensos colores y lucia una enorme y roja nariz.

El circo se inaguro esa noche y Cristina desaparcio para siempre. El sudor corria por su frente a. Sus piernas fallaban y su corazon golpeaba con fuerza su pecho. La respiracion se entrecortaba desembocando en una fuerte tos. Llego a un cruce. Miro a ambos lados. Todo estaba oscuro y solo oia los pasos de aquel hombre siniestro. Miro atonito su sombra alargada Los pasos se acercaban. Su cara se deformo El resto no lo recuerdo La mujer estaba desesperada.

Muchas veces le había advertido que si llegaba a casa de noche, pasadas las 11, no habría dios que le convenciese que ella no tenía un amante y él, eso sí, aguantaba muchas cosas aunque ella tenía que llevar gafas oscuras a menudo, hasta en invierno , pero no los cuernos.

Ella sabía que él estaba ahora afilando el cuchillo con el que la amenazaba cada dos por tres. Por su hija, que este día infausto él había recogido del colegio, mientras ella salió para buscar un traje para su marido, se le hizo tarde y se quedó atrancada en el Metro durante una hora y media larga.

Ya oía su carcajada cuando le clavase la hoja o se la hiciera pasar por el cuello mientras la llamaba "Puta". El corazón se le salía por la boca y el resuello la abandonaba. Llegó al portal, metió la llave con cautela y entró. Una carcajada me asesinó. Miedo no a la muerte sino a la vida, miedo al llanto y a la risa, miedo al día y a la noche, miedo al miedo. Se levantó sudando de la cama, eran las cinco de la mañana y todavía no había amanecido, ni se vistió siquiera, bajó a la calle en pijama.

Desde la ventana le vi perderse entre las calles, corría y corría desesperadamente, como si algo le persiguiera, no pude ver lo que era. Cuando llegué a la playa encontré sus ropas en la orilla, me metí en el agua, parecía tranquila, nadé, buceé pero todo fue en vano. Mientras me ahogaba vi su cuerpo flotando, me pareció que sonreía, como si hubiera expirado con una carcajada liberadora e histérica, ya no le perseguía nadie, ya no tenía miedo, el miedo ahora estaba conmigo.

Abrí la puerta del coche para, como un día cualquiera, recorrer el tramo que separa mi casa del trabajo. De repente una luz cegadora me impedía ver la carretera. El miedo recorrió mi cuerpo como una descarga eléctrica. La luz se apagó y pude descubrir que no había nada a mi alrededor. Sin coches, sin casas, ni carretera.

No daba crédito a mis ojos. Paré el coche y con muchas dudas descendí. Vi a lo lejos una luz y emprendí el camino hacia ella. Solo podía apreciar el típico ruido que hacen esos scaners. De repente, bajo mis piés se habrió una puerta negra. Caí en picado por un tunel. Eran todos los acontecimientos de mi vida. Algunos de ellos me producian carcajadas, no llenas de temor, por la situación.

Sentí un fuerte golpe y perdí la consciencia. Al recuperarme abrí los ojos y vi a mi mujer a mi lado. Estaba tumbado en la cama de ese hospital que había visto desde la ventana. Un sentimiento de alibio recorrió todo mi cuerpo. Había vuelto de un viaje que nunca recomendaré a nadie. No,doctor, aquello NO eran carcajadas.

Simplemente me comuniqué con ellas, aquellos Me perseguían, me cercaban, me atacaban, pero nunca remataban su faena, doctor, nunca. Eran crueles en su grotesca inocencia. Doctor, tiene que comprender, porque yo nunca hubiera podido, la niña Me refiero, doctor, a que devinieron en zarpazos, algo salvaje que me desgarraba la cordura.

Fue como si las vomitara contra el muro. Emergieron las hienas como atroces sombras chinescas con ojos de fuego que me trasmitían rumores de sangre, doctor, de sangre. Mientras apretaba su cuerpecito masacrado ya no resonaban en mi mente, doctor, brotaban a borbotones de mi garganta.

Me mutilé las cuerdas vocales. Pero pronto se confundieron con sonidos de sirenas, voces y disparos. No, puede creerme, doctor, aquello NO eran carcajadas. Sólo se oía el ruido de mis tacones al pisar sobre el suelo. No había nadie y eso me inquietaba. Mientras sacaba las llaves del bolso, oí de repente unos pasos que se acercaban.

Al volverme, vi la figura de un hombre joven que se dirigía hacia mí con una amplia sonrisa en la cara. Me tiró al suelo y al caer me golpeé la cara contra la puerta del coche que estaba aparcado junto al mío. Sólo quedó uno vivo después de aquella noche fantasmal. Sólo quedó uno que pudiera contarlo. Sólo uno se escapó. Sin embargo, hasta ahora no se lo ha relatado a nadie. A lo mejor es porque no le salen las palabras. O puede -y ésto es lo que me alegra la existencia- que porque sepa que la persona que le escucharía es también la que va a acabar con él: Aquella noche murieron todos; en aquella casa, en aquel distrito, en aquel país, en todo el mundo.

Hijo, te has quedado a solas en este mundo con tu verdugo, con el verdugo de la humanidad. Despídete ahora, di adiós, pero dilo despacio, muy despacio Todo comenzo la noche del 23 de Junio en la playa de Riazor. Era San Juan y todos estabamos en la playa saltando la hoguera y riendo.

Joder, hacía mucho que no estabamos todos juntos y tuve uno de esos momentos de lucidez en los que la realidad se manifiesta de forma tan evidente que casi duele. Alcohol,drogas y muchas risas, como siempre. De repente una carcajada me heló la sangre, y en ese momento supe que no quería vover la vista, que no quería mirar y que la realidad que yo estaba percibiendo era pura fantasía. La escena que pude contemplar en sus pupilas era dantesca. Una estaca me atravesaba y mi cuerpo se quemaba en la hoguera.

Bueno, pense que les den por culo, aunque la enculada era yo. Estoy en el Bar, ya iba a cerrar pero Vuelven a mí los juegos interminables con mi mejor amigo, el malvado muñeco Chucky, y las bromas que gastaba al malencarado señor del quiosco que estaba bajo mi casa. Recuerdo cuando me iba arrastrando hasta el borde de su ventanita y como por sorpresa hacía aparecer a Chucky delante de sus ojos, acompañado de un pavoroso alarido -creía yo- ampliamente ensayado en el pasillo de casa ante mi hermana.

El frío en el paladar me hace constatar la presencia del cañón dentro de mi boca,y el calor en mis piernas me asegura que he perdido el control de mi musculatura involuntaria. Me lo dijo claramente: Habia abierto el canal de chat buscando un amigo con quien hablar y apareció entre tantos otros un nick que desconocía: Quiero que mañana te la pongas para mi.

De repente sonó el teléfono, al otro lado una voz ronca como de ultratumba dijo mi nombre: Esta vez vas a saber realmente quien soy, El viento azotaba los altos del valle,arrojando su rencor a las fustigadas hojas de los sauces.

Por un capricho del destino, de un animador de verbenas de hados El silencio atrapó la estancia sin darle siquiera tiempo a levantarse y dar la luz. Los sonidos de la noche invadieron la habitación, el ruido insorportable del motor del frigorífico, los rumores de los coches en la calle, el incesante estruendo del segundero del despertador.

Todo llenaba el cuarto convirtiéndose en el preludio de la amenaza incumplida. Tan sólo sus histéricas carcajadas llenaban el cuarto de realidad, supliendo así la soledad que la impregnaba en ese momento, un instante en el que necesitaba con urgencia la compañía de alguien. Sabría que vendría para cumplir sus palabras, lo que le producía un sentimiento de culpabilidad que le oprimía hasta provocarle un agudo dolor en el estómago.

Estaba encadenada a un futuro que ahora,estaba convencida,era el que le tocaba vivir. Ahora, tiempo después, sabía que todo estaba a punto de terminar.

El seguía siendo la sombra que la acechaba en el silencio sin dejarle un instante,ese sentimiento impregnado a sí misma tanto tiempo. Entonces, alguien comenzó a forzar la cerradura de la casa. No me refiero a estar a punto de morir. No va en esa dirección mi pregunta. Sobre la media noche, el novio de mi hermana, Carlos, cenaba apaciblemente en familia, mi familia, su futura familia.

Veíamos una película que emitían por televisión, pero el tenía prisa por marcharse a pesar del interés que mostraba por el final. Se trataba de una pelicula de terror de la que Carlos y yo nos burlabamos ante la incredibilidad de unos exagerados efectos especiales. Aquella noche Carlos debía darse prisa si quería coger el autobus que le llevara al pueblo.

Se despidió de nosotros con un hasta luego cuando debería haber pronunciado un escalofriante "adios". El autobus esperaba al otra lado de la autovía. Se dispuso a cruzarla cuando un camión lo atropelló ferozmente, desmembrando partes de su cuerpo, incluída su cabeza, la cual fue aplastada por otro vehículo.

El protagonista moria, como mi amigo. Los dos acababan de morir delante de mi. En un rincón oscuro una mujer apretaba a un niño contra su pecho como si quisiera apartarlo de la vida. Miraba al agua y volvía la cabeza bruscamente distinguiendo a un enemigo que yo no podía ver. El niño era pequeño, demasiado pequeño; sólo llevaba unos días sobre la tierra.

Di unos pasos hacia ella y me asomé al pequeño lago. El agua era toda una sombra líquida. La mujer huyó sin moverse y con un gesto indefinido se preparó para el asalto. Crucé la línea, dije dos palabras que querían ser amables y sonreí.

Ella no dijo, no hizo nada, pero sus ojos me suplicaban que me fuera. Fue en ese momento. La diminuta cabeza se volvió y unos dientes fuertes y compactos dibujaron una terrible carcajada. Fue entonces cuando lo pensé: Tenía el pulso acelerado. No sé si por miedo a lo que pudiera allí ocurrir no había que desdeñar las serpientes marinas , o, precisamente a que, de forma desilusionante, nada aconteciera. A pesar de continuar en tensión, me tranquilicé notablemente, había ido sólamente a fotografiar y, con lo que estaba viendo a cada remada, no podía salir desilusionado del lugar.

Era tal y como lo mostraban todas aquellas revistas, tal y como lo imaginaba Pero, una vez dada media vuelta para la orilla, Solté una carcajada sin malicia: Ni fuego por la boca ni fuerza diligente con la que amedrentar.

Había pasado años sin comer en la superficie, así que le di la cesta de mi merienda. Abrí los ojos y allí no estaba ella. Desesperado la busqué por toda la habitación. Se había ido y no me había llevado con ella.

Me volví a tumbar en mi cama y posé mis ojos en el cielo del techo. Varado en la amargura de mis pensamientos, sentí el cuerpo girar sobre sí mismo como las peonzas que tenía de chaval. El caballo volvía a hacer efecto. Navegaba por mis venas al tiempo que yo me dejaba seducir por mi viejo amigo.

Solté una carcajada furibunda. Me lancé al pasillo y seguí su rastro. Pero allí no había nadie. La temperatura del pasillo era enorme.

Vacilé antes de abrir la puerta. Las cortinas flotaban sin rumbo, despavoridas y sobre su lecho, mi amigo yacía con los ojos vidriosos, y el cuerpo inerte, sin vida, acompañado por ella. Demasiado silencio, pensaba mientras me acercaba al arroyo. Miraba furtivamente a izquierda y derecha y avanzaba sigilosa. Dos ojos incrustados en la noche confirmaron mis temores.

Había pensado mucho en ello, sabía que tarde o temprano debería enfrentarme a este momento, y sin embargo no fui capaz de pensar, mi mente se nubló y eché a correr. Corrí cuanto pudo sin mirar atras, le sentía cerca, muy cerca. Caí al suelo y volví a levantarme. Su jadeo se incrustaba en mis oidos paralizando mi mente, sentía su sed de sangre, mi sangre. Fueron segundos interminables, pero al fin el se detuvo agotado y a los pocos metros yo paré también.

Sentí como se avalanzaban sobre mí. Sus garras afiladas rasgaban mi piel como el papel y sus colmillos se hundieron en mi cuello ahogando un grito desesperado. Horas despues la carcajada de la hiena sobrecogió la sabana completando el ritual de sangre y despojos. Creo que entró en la Iglesia cuando había comenzado ya la homilía. De lo que estoy seguro es de haberlo visto salir justo en el momento en el que se apagaba la voz del Padre Urrutia y caía fulminado.

Primero fue la viejecita del sombrero rojo. Empezó como una risilla espasmódica que poco a poco fue evolucionando hasta una carcajada grotesca y franca, que la sacudía con estertores violentos. Luego fue el señor del bigote, sentado en frente mío. Luego la niña con el uniforme de colegio, la embarazada, la pareja de enamorados. Todo el vagón de metro se sacudía con una alucinada carcajada sin motivo.

Mientras rezaba por que la llegara la próxima parada de metro para bajarme de ese vagón infernal, empecé a sentir un ligero escozor en la garganta. La sonora carcajada de la abuela. El vientre del lobo la hacía resonar de una manera especial, contaminando los manantiales de mis sueños para toda la eternidad. El afanososo leñador, que con oficio de carnicero sajaba cuidadosamente el vientre de la bestia.

El brazo de la abuela,sangriento ,solicitando ayuda como quien solicita almas para el infierno. Esa cara manchada,satisfecha, emergiendo de entre la muerte.

Me cubrió con su abrazo sangriento, como una pequeña caperuza protegiendo mi cabeza. El movimiento del vagón y los chirridos de las vías son gritos ensordecedores que me impiden dormir. Levanto la cabeza despacio resignado a no pegar ojo el resto del camino. Miro el reloj y me inquieta la soledad del vagón. A esta hora suele estar abarrotado.

La voz en off que anuncia la siguiente estación suena desvirtuada. No importa, conozco las paradas de memoria. Saco un libro y empiezo a leer. El tren se para. Se abren las puertas No conozco esta parada. Asomo la cabeza por las puertas abiertas. Ando hasta las escaleras y las subo despacio, una flecha indica la salida.

Me dirijo hacia allí, pero de nuevo me lleva a la estación. Estoy sudando y respiro con dificultad. La luz amarillenta me produce dolor de cabeza y el aire espeso parece no contenar apenas oxigeno.

Entro al vagón y me siento de nuevo. Una terrible carcajada resuena por los altavoces El miedo invadió todo el país,todos los medios de comunicación al servicio del partido en el poder y del principal partido de la oposición lo avisaban a través de periodistas sin titulación universitaria, tertulianos sin oposición, filosofastros con la visión alterada, escritores incunables convertidos en ratas sin biblioteca, Lo siento, no puedo seguir este relato sin evitar la carcajada El disparo había caído cerca de la población, revelando así las intenciones del otro bando.

Caravanas de heridos huían a nuestro alrededor. He visto una antes — dijo el sargento con voz queda. A unos metros había un surco largo, que acababa en un montón de tierra levantada. Era de metal blanquecino y parecía no haber estallado. Algo se movía en su interior, parecía peludo. Aquello se movió, y con un graznido, lo que parecía ser un millar de ratas negras y aladas, voló hacia nosotros.

Y no podíamos ganar. Ella seguía con interés el funeral. El cura glosaba el difunto recuerdo de su amantísimo esposo cuando el móvil parpadeó su mensaje anónimo: Los apuntes en la mochila y el despertador a las cinco.

Inmóvil sobre la cama, intenta dormir mientras docenas de fórmulas bailan ante sus ojos. Un pitido rítmico le despierta: Se mira las manos y ve unos dedos huesudos como sarmientos y manchas oscuras en la piel. El fogonazo de la aprensión le empuja a coger el espejo. Entonces grita, sintiendo los pulmones a punto de reventar. Una enfermera entra en la habitación. Le quita el espejo de las manos e intenta tranquilizarlo. Él empieza a comprender y con la voz rota, se dirige a ella: La cara de extrañeza de la chica le provoca una risa enferma, aviesa, que crece hasta una carcajada honda y desquiciada.

Siente esa risa atravesada en su garganta como una puñalada. Habiamos estado contando historias de miedo en casa de Julian. Todos habiamos contribuido con algo a la cena. Hubieron platos de Mejico y Brasil , yo prepare torrijas y tambien hubo un plato portugues para postre. Los relatos se habian sucedido impulsados por la pareja brasilegna , ellos contaron sorpresas monstruosas en quirofanos , al fin y al cabo hacen su postdoc en medicina. Tambien hubo quien se lanzo con autopsias y no faltaron las meigas gallegas, aunque Alejandro se resistio para contar lo de su abuelo.

Yo me limite a escuchar. Asi transcurrio nuestra periodica reunion de hispanos en Newcastle, pero esta vez, sin una carcajada de Sandra. Como siempre, me resisti a ser acompagnada hasta mi residencia de estudiantes.

Solo eran veinte minutos caminando, aunque eran las dos de la madrugada. No encontre a nadie o quizas simplemente no le vi, porque andaba con la cabeza fija en el pavimento.

Tras pasar Marx and Spencer, solo quedaban atravesar los diez minutos de parque. Fue entonces cuando escuche el grito terrorifico de una mujer joven, probablemente de mi edad.

Hubiera jurado que me pedia ayuda. Levante la vista y no vi a nadie, tan solo escuche el ruido del motor de un coche que se alejaba muy deprisa, era blanco. Deseaba llegar a casa a toda prisa, cuando tropeze con algo o alguien.

Mire hacia arriba y alli estaba aquel hombre arabe, alto y con barba.. Has oido eso, exclamo. Se miró al espejo. Siempre había creído que los asesinos tendrían otro aspecto. Tal vez pensaba que por el simple hecho de matar a alguien le cambiaría la mirada, le aturdirían los remordimientos o el nerviosismo entumecería sus movimientos.

Ni siquiera la mirada. Acercó su cara al espejo, moviéndola de ado a lado. La misma mirada perdida de siempre, sin vida.

Tal vez era eso. Siempre había sido una persona tranquila, "sin fuste", como le decían sus amigos sin poder evitar la carcajada. Por eso, cuando se alistó en el ejército le extrañó a todo el mundo. Él mismo se sentía incapaz de empuñar un fusil. En su patria le hubieran llamado asesino, pero aquí, simplemente le llamarían soldado e incluso le condecorarían por los servicios prestados.

Sabia que seria así. Después de tanta obscuridad estaba desorientado, pero esa luz brillante me da fuerzas para avanzar. Este viaje ha de hacerse así, en solitario, de otro modo no sentiría con tanta intensidad. Realmente no estoy solo, ahora me acuerdo de todos los que me importan, si estuvieran aquí no creo que los pudiera tener tan cerca. Pasan por mi mente con rapidez pero me impregnan hasta el alma. Ya falta poco, noto la brisa fresca cargada de fragancias.

No es posible, en la estación me aseguraron que no pasaría otro tren hasta dentro de dos horas, lo pregunte dos veces. Después de tanta obscuridad estaba desorientado, pero esa luz brillante Corro y no se aleja. Salto y no le esquivo. Le abrazo y se me escapa. Lloro y se rie de mi. Quien eres tu, que te escondes en mis sombras, dejame solo?. Grito y se hace el sordo.

Me susurra y no le entiendo. Hablo con el a todas horas y creo que usamos idiomas distintos. Repito quien coño eres??? Siento como corre el sudor por mi frente. Es tarde, de noche. El largo tunel del metro parece no tener fin. Tiemblan mis manos, estoy muy cansada intento pensar en algo agradable pero mi mente se dirige una y otra vez al mismo lugar, el recuerdo imborrable del rictus de la muerte en su cara. Para él no tiene remedio y par mí ya nada tiene sentido.

Bajo del metro y recorro lentamente los trescientos sesenta y cinco escalones que me conducen a él. Su corazón era una locomotora mandando una presión enorme e innecesaria a su cuerpo inmóvil. La vista se le nublaba en rojo. Oía el murmullo de la muchedumbre de la plaza, pero no era capaz de fijar la vista.

Buscaba piedad en los ojos de los coraceros, en los vendedores de barquillos, en los del diputado regional. El verdugo puso sus manos en los remates esféricos de las palancas. Hubo un chirrido y un clac.

La abrazadera izquierda del lazo había saltado. El verdugo miraba la tarima del patíbulo. Allí encontró la cabeza del tornillo. Y se cumplió la sentencia. Sé que a sucedido, pero no puedo recordar ni cuando ni donde,no me atrevo a mirar el rostro en descomposición que yace junto al mío propio, en una cama de la que no puedo salir, inmovilizado por la angustia de afrentar la verdad Puede que todo sea un mal sueño y despierte con una carcajada disipando con ella los terrores de una pesadilla Voy a hacerlo, me levantaré y Quiero gritar pero no puedo, estoy muerto.

Vi el fluorescente pestañeando molestamente. Sentí que algo me atenazaba el cuerpo, que no podía moverme, pero tampoco podía verlo porque la cabeza no respondía a mis órdenes. Intentaba protegerme de sus destellos pero las manos no acudían al socorro de los ojos. Sabía que estaba en el suelo pero no sentía frío. Me sonaba familiar pero no entendía nada.

Como si las palabras llegaran a mi cabeza y se frenaran sin alcanzar su sentido. De repente, sentí una agobiante explosión en el pecho, me incorporé y lancé por la boca algo viscoso. No sabía donde estaba. Mis amigos habían dejado de sonreír; ahora sus caras se habían tornado en un aterrador espejo de mí mismo. Me froté los ojos, me dolían, y pude comprobar que la hoja de un poderoso cuchillo asomaba bajo mi barbilla.

Por una vez en la vida había tenido un cumpleaños especial. La vi en el espejo, sonriéndome con el dulzor de una insinuación. Se reía de mí, y yo me reí con ella a pesar de su monstruosa fealdad cadavérica. Colgajos de piel podrida envolvían sus desorbitados ojos de espectro. Quise huir de aquel lugar maldito pero su cuerpo agusanado me atrapó en un abrazo de hielo. La carcajada seguía zumbando en mis oídos y se colaba en mi cabeza como una tortura psicológica.

Sentí sus manos aferradas a mi nuca y la proximidad de su aliento con olor a podredumbre. Sus labios impregnados de horror me besaron y me hundí en los abismos del infierno.

Habían pasado unos meses desde que llegué. Todas las noches me desvelaba la maldita carcajada. Se prolongaba durante unos minutos protagonizando y monopolizando todos los sonidos de mi habitación. Todo parecía volver a la normalidad. Pero si hace tiempo que ya no recordaba qué hacía allí.

La carcajada se prolongó hasta el infinito. El primer dedo apareció en su oficina: Con el cuarto dedo se supo de las pretensiones: Atienza soltó una carcajada de impotencia y terror y repentinamente comenzó a llorar desconsoladamente.

Un día después, bajo los efectos de los sedantes, supo de boca de Llorens que los dedos sexto y séptimo estaban ya en poder de la policía científica. Dos semanas sin saber del octavo dedo. Pasarían diez días, cuando la policía condujo al sr.

Atienza hasta una sala de urgencias. Mi gato se llama Poe. Un día llamó a mi puerta, y se quedó. Hablaba con él y me respondía con lametones, caricias y ronroneos. Desde entonces, mi gato habla y cuenta historias. Yo me tumbo en el suelo -el prefiere el sillón-, arqueo el lomo y espero la caricia de su pata. Ayer entró un mariposa por el balcón. Nervioso, seguí sus movimientos hasta que la acorralé. Estaba a punto de saltar a por ella cuando volvió a alzar el vuelo.

Entonces Poe soltó una carcajada. Mi primer fracaso, mi primer maullido. Tres mercaderes se dirigían al Cairo después de una agotadora y productiva semana de mercado. Lo habían vendido todo, ahora eran muy afortunados. Sólo había dunas, una interminable cadena de dunas por atravesar, pero no les importaba porque llevaban los bolsillos llenos de monedas de oro. Sólo había calor, mucho calor, tanto calor, que les parecía oír como alguien se reía a carcajadas tras la siguiente duna.

Ahora sólo había tres esqueletos, tres despojos de piel que caminaban ya sin rumbo fijo. Uno de ellos calló a la arena, completamente muerto. Poco a poco fueron recuperando la cordura, al tiempo que se hidrataban con la sangre de aquel infeliz.

En cuestión de segundos, se les estremeció el alma. No sólo por lo que acababan de hacer, sino por la enorme serpiente dorada que estaba frente a ellos. Sintiendo como el potente veneno de la serpiente les mataba por momentos, los desgraciados mercaderes comenzaron a emitir una tétrica carcajada, una carcajada que no ha dejado de sonar entre las dunas de aquel inhóspito lugar. Carcajada que delata la presencia de la gran serpiente dorada, que pudo digerir sus cuerpos pero no sus almas ni el oro que llevaban consigo.

Yo también me eché una buena carcajada cuando lo supe. No de alegría, sino de horror y locura. Cuando fui a interrogar al millonario sospechoso, me ofreció un licor dulce y nos sentamos en su salón, al calor de la chimenea.

Al principio me atribuyó confusas valentías, dado mi oficio de poli a punto de retirarse. Pero enseguida le amenacé con cientos de preguntas que no lograba evadir. Sabía que mi mujer le había hecho una visita antes de su desaparición, y que nadie había vuelto a verla desde entonces. Todas las evidencias le apuntaban. La bebida, aunque estaba de servicio, me fue emborrachando lentamente; cualquiera conoce mi fama. Luego él habló de las propiedades de ese maravilloso licor, cuyo secreto de composición no quiso revelar.

Me marché de allí aturdido y con una curda elegante, sintiéndome culpable porque hacía meses que ella se esfumara del mapa y yo sólo me daba al alcohol y apenas buscaba la verdad. Dos días después de la visita, su criada dio el chivatazo: Fui en persona a detenerlo, junto a dos de mis muchachos. Tras ponerle las esposas, me dirigí a una repisa y le dije que me llevaba el licor.

Hoy permanece en mi paladar el regusto amargo de aquel licor que creí dulce. Ella se inclinó sobre el enorme acuario que dominaba el salón en penumbra: La luz refractada dibujaba formas ondulantes en toda la sala. Mientras hablaba, él acariciaba suavemente el pelo de ella, como si llevara toda una vida haciéndolo. Los peces parecían mirarla con curiosidad.

Las pirañas se iban juntando poco a poco justo al otro lado del cristal, como si pudieran ver lo que ocurria fuera de su mundo. Lo noto en su voz. Me encanta cuando sé que le asusto, que no sabe quien soy. Y la de los niños riendose da una cosa Que los fantasmas se ponen en comunicación con ella.

Cuando marco su teléfono me late el corazón fuertemente y me siento poderoso. Pero dormir mucho tiempo seguido, no lo debe de ser tanto. Sabado por la mañana. Mas bien por la tarde. No podia ni abrir los ojos. Me siento muy cansado y empiezo a arrepentirme de lo que bebi Muchas veces he oido los problemas que provocan las drogas, pero nunca habia sentido lo que estoy notando ahora mismo. Oigo ruidos, ruidos horrorosos, dentro de mi cabeza. Ademas me siento incomodo.

Casi ni me puedo mover. Lo que no soporto es el ruido, parece un jabali, son gruñidos. No quiero abrir los ojos, me da miedo. Pero cada vez que me muevo el ruido aumenta. Voy a perder el control. Si abro los ojos me mareare. Voy a arrastrarme a pedir ayuda. Mientras mas grito, mas tetricos son los ruidos. Tengo que decidirme a abrir los ojos. Una, dos y tres Lo que veo no puede ser.

Mis dos hermanos llevan viendome en la habitacion mis movimientos. Vestido me quede dormido, anoche y los ruidos eran sus carcajadas. De repente, la niña de nadie empezó a ser acosada por un escuadrón de palabras.

La niña intentó esquibarla, pero RENCOR parecía estar en buena forma y la niña consiguió despistarla con la ayuda de otra niña. Ambas corrieron por un descampado. Se hacía de noche. Las niñas salieron deperdigadas. La niña de nadie caía. Arrojó el cigarro mediado a la acera y entró. Abrió el buzón aunque ya no esperaba nada y encontró un pequeño papel doblado.

El calor no le dejó estar allí y salió a dar una vuelta, le oprimían las paredes. Era el marcador electrónico de una tienda y se leía: Se puso en pie. Su padre guardaba silencio. A qué tiene miedo la gente, a lo desconocido. No sabía lo que iba a pasar. Que cómo me vi metido en este embolado, por gilipollas, claro.

En lugar de buscar una excusa que me eximiera de entrar en aquel maldito agujero, lo que hice fue vaciar mis pulmones en una sonora carcajada, llamar cobardes a mis compañeros -mineros avezados- y adentrarme en el hueco que habíamos descubierto poco antes. Hemos abierto la caja de Pandora, y a mí sólo me cabe el dudoso honor de ser la primera víctima de nuestros verdugos.

Mi secretaria llega tarde por enésima vez. Debería traer el correo con ella, pero lo ha perdido. Suelta una pequeña carcajada y me cuenta que, en un bache del camino, se le ha caido. Estoy harto de las habladurías locales acerca de los baches.

Como dice un amigo mio, las carreteras lusas son "de mentira". Acaba mi jornada y me vuelvo a casa. Los agujeros y socavones se suceden. Esta situación me recuerda a aquel episodio de Hitchcock; el de la enfermedad ésa, la catalepsia,creo que estoy muerto Yo ya había oído esa carcajada en alguna parte. Cuando me quise dar cuenta era demasiado tarde; mi cara estaba ya cianótica por la falta de oxigeno.

Iba a morir estrangulado. A las doce, como cada noche. Desde que alquilé una habitación en aquella oscura pensión, dormir era un sueño.

Mi casero debió advertirme, antes de cobrarme por adelantado, de su costumbre de tocar el violín a medianoche. Me levanté a reclamar mi derecho a dormir. En el pasillo oscuro, envuelto por una "Danse macabre" horrorosamente interpretada, pensé en aquel hombre enfermizo. Cuando entré en la habitación donde chillaba el violín, llamé al patrón. Sólo obtuve ruido por respuesta. En la oscuridad, sentí frío. Encendí la luz, y encontré de frente al anciano, que yacía sentado en un sillón, perdida la mirada.

Y así seguiría hasta que enseña. Me despierto bruscamente con la incómoda sensación de una extraña compañia. Me sorprende la firmeza de mi voz, pero de la oscuridad que todo lo envuelve no llega respuesta alguna. Mi mano tantea la fría pared: Estoy solo y encerrado, pero todavía vivo.

Dios mío, quiero vivir; te lo suplico. Por primera vez me alegro de un fracaso. Y, ahora que he visto; que te he sentido perdido para siempre; que me sabido devorado para siempre. Tibio sudor moja mis labios entreabiertos. Se me va la cabeza, se acaba el aire. Horror sereno de la muerte.

Sonrío tranquilo; gracias; he vencido en el minuto de oro de esta prórroga regalada. Mis piernas, mis brazos, Sigo sin ver nada, no consigo recordar.. Una luz en la noche, un fogonazo, un volantazo, un estruendo, Huelo a tierra mojada, Pero sólo consigo oir una carcajada histérica y, de repente, A un hombre libre no se le puede atar, tan solo se le puede matar. La frase resonaba en mi cabeza mientras Luis comenzaba a despertar.

Sus movimientos eran torpes, sus manos atadas al piecero de la cama. Me acerqué, la punta del cuchillo contra su garganta. Yo no era libre, mi corazón, mi vida eran suyas.

Él no aceptaba que era mío. Pero no le podía matar. Corté las cuerdas que ataban sus manos. Cayó al suelo y casi desmayado de vértigo vio cómo giraba el cuchillo y lo apoyaba contra mi vientre. Pero no lo hizo, solo escupió. El cuchillo era tan afilado que ni siquiera sentí el dolor, comencé a perder la consciencia. Los guardias se sorprenden de que visite a quien intentó matarme. Algunos días no quiere verme, pero sé que ahora espera con ansias mi visita.

Se acerca al cristal todo lo que puede y susurra la muerte cruel que me tiene preparada. Y siempre salgo alegre, con ganas de reír como ríen los niños, con carcajadas de felicidad, porque es maravilloso saber que tu ser amado sólo piensa en ti.

Muero por ver la ciudad desde del cielo. Pero ya no es posible. Es, era, mi forma de vida. Volaba desde antes del alba hasta el atardecer, para vivir, para comer o simplemente porque no hay nada mejor. Y sin embargo no era consciente, no le daba importancia. Como cada mañana volé hasta el parque, donde ya esperaban algunos ancianos, madrugadores ellos que no tienen nada que hacer.

Me acerqué a un corro de palomas, donde un mirlo nunca es discreto, negro sobre gris, para picotear algo de pan, como siempre, como todas las mañanas. Y en un instante sentí un dolor inmenso, incomprensible, en mi ala derecha.

Intenté huir, pero no sentía el ala, y escapé con saltos, torpemente, como puede. Escuché una estruendosa carcajada, un sonido conocido pero nunca antes alarmante aunque no lo comprendiera. Ahora no puedo separar la carcajada del dolor, ni de aquel rostro, de aquella figura. Una anciana, de cara dulce aunque arrugada, me perseguía por el parque con su bastón y su risa incompleta. Arrinconado contra una valla recibí un segundo garrotazo, esta vez en el lomo, y mientras la anciana se alejaba, con sus alegres carcajadas, me quedé yaciendo en el suelo.

El mismo suelo en el que ahora, de noche, descanso. Y recuerdo volar, volando, el vuelo. Tan sólo recuerdo su sangre escurriendose en mis manos tras quitarle el casco. Va a trabajar caminando deprisa, no quiere ver su reflejo en la acera, lo ignora. Se ha librado de ella. Sin resquicio donde apoyarse. Donde apoyar el qué? No conseguía sentir su propio cuerpo. Intentó abrir los ojos, gritar para escaparse del encierro de aquel lugar sin formas, sin recodos posibles.

Sin duda debía tratarse de un sueño, una pesadilla en la que había caído sin saber por qué. Lo creo firmemente, estoy convencida de ello. Ninguna mujer nace para puta. Nos hacen, nos convierten en putas. Nos hacen putas, nos convierten en putas".

Para poder sobrevivir a todo lo que pasé, mi mente ha llevado a cabo un proceso de adormecimiento. Hay cosas que recién empiezo a recordar. No sé cómo escapé del prostíbulo de Argentina dónde me prostituían, de verdad que no lo sé. Supongo que me atreví a decir "no". Hasta que un día un prostituidor me dio una terrible paliza.

El conserje de un hotel me ayudó, llamó a la policía. Y no se lo va a creer: Porque a quién le importa una puta. Pero las mujeres que ejercen la prostitución necesitan contarse esa mentira.

Necesitan decirse que son ellas las que eligen, las que ponen el precio, las que son libres de entrar o salir cuando les apetece…. Y se lo dicen para no sentir dolor, para negar la tortura de la que son víctimas.

Yo también me sostenía diciéndome a mí misma que era una trabajadora sexual. Y me di cuenta de que yo no vendía nada, porque nada era mío. Aun después de muerta te siguen explotando. Lo primero que hace es romper tu identidad y convertirte en un objeto de uso y abuso. Empezando por tu cuerpo. Un cuerpo es un todo, pero sin embargo una puta sólo tiene boca, vagina y ano. Una puta no tiene clientes, porque no es un banco ni una tienda.

Los que van de putas son "prostituidores". Nuestros maridos, nuestros hermanos, nuestros jueces, nuestros políticos, nuestros sacerdotes… Todo tipo de hombres.

Cuando eres puta, tu cuerpo no te pertenece, ni siquiera después de muerta".

... 21 Jul Una de las víctimas se dio cuenta porque vio el destello de una luz 'led' en una mochila sus encuentros sexuales con prostitutas para luego distribuirlos sin su consentimiento. Es sucio el sexo..sólo cuando se hace bien". Temblorosa, su mano derecha soltó la manija y se dirigió a uno de los bolsillos del pantalón. - ¡Puta madre! – lloro al no encontrar la llave de la habitación. 6 Oct Pero nos despertamos y ya no es sólo denunciar sino pasar a un plano de relaciones sexuales son putas y los varones son campeones”. Destello solo putas

Hijo fotos de sexo con putas

Whisky, ron, ginebra, y también Coca- Cola, Sprite, té verde y bebida de ginseng, el red bull chino. Dos cubiletes y cuatro dados completan la mesa. Porque la ciudad china del neón carece de un Brooklyn, no se diga ya un Harlem. Algunos espacios rompen la homogeneidad artística de la ciudad, pero incluso estos resultan un poco artificiales. Moganshan, por ejemplo, es la zona de los estudios y las galerías de arte.

Los gremios en China tienden a concentrarse, y los artistas no son una excepción. Sobre su mesa se amontonan pinceles de hace décadas. Cada uno de ellos tiene una historia. Sin duda, algo inusual para quien cultiva un arte milenario.

Claro que en sus cuadros la tinta china adquiere una dimensión desconocida. Pero, en el fondo, su significado se mantiene invariable.

Porque en las obras de Tsai las palabras son siempre las mismas: Sin duda, las palabras budistas contrastan con el rabioso materialismo que espera en la calle. También me aterra y me estresa, pero la multiculturalidad de esta ciudad no tiene rival en el país, y eso me permite estar en contacto con todo tipo de artistas.

No tanto para aprender de ellos como para compartir ideas. No en vano, el negocio es también el principal motor del arte chino. Eso no es, en sí, ni positivo ni negativo, porque puede resultar tanto un acicate como una fuente de frustración. Es bastante menos robusta que la inmobiliaria, con la que guarda mucha relación porque en ambos casos los compradores sólo buscan una inversión rentable.

Li Zizou es una de ellos. El conjunto lo remata con una gorra de Nike, y nunca sale de casa sin su i-Phone 4 resguardado bajo una piel de Hello Kitty. Se les tacha de egoístas y materialistas, amorales y exhibicionistas, débiles y mal preparados. Pero toda moneda tiene su cruz, y el Gobierno es consciente de que este mundo de superabundancia en el que vive gente como Li gira en torno a otro mucho mayor que se mueve a una velocidad diferente. Y esto es sólo el comienzo. Así que no parece que el Gobierno vaya a tener muchos problemas para cumplir el objetivo que se propuso en Aquí se encuentran también los mercados nacionales de oro y de petróleo, y en su potencia no sólo cuenta la especulación.

Tiene mucho que ver la economía real. Y en la zona podría ser considerada puerto franco. Aunque la presión para su apreciación es enorme, y ha ido ganando valor poco a poco, siempre lo ha hecho cuando le ha interesado al Ejecutivo. Y no es oro todo lo que brilla.

Los destellos del espectacular desarrollo chino ciegan a quienes quieren ver las sombras a las que todavía no llegan los colores de neón. En cualquier caso, no hay que alejarse mucho para encontrarse un paisaje muy diferente al de las bulliciosas calles de la ciudad. Pronto, los monstruos de hormigón que llevan la firma de prestigiosos arquitectos dan paso a una interminable serie de cubos anodinos que esconden el corazón industrial del país y atraen a las muchedumbres de campesinos que llegan a la estación de tren.

Aquí, cientos de miles de trabajadores hacen turnos de 10 a 12 horas por el salario mínimo, equivalente a unos euros. Parece que unos tópicos sólo pueden ser reemplazados por otros, nunca por la complejidad de lo real.

En muchas de las empresas chinas, la copia se ha convertido en la base de su inspiración, sí. Pero, sin duda, esa es solo la primera fase de un proceso de desarrollo muy ambicioso, que ya prevé la innovación.

China ya no es el país del todo a cien. Y ya ha lanzado la tercera fase de su desarrollo, la que contempla la internacionalización de las marcas chinas que ya miran al exterior para expandir sus horizontes a lo largo y ancho del globo. Pero todo tiene un precio que resume bien un proverbio chino: De hecho, la vanguardia arquitectónica por la que se conoce a la capital económica del Gran Dragón queda muy lejos.

No en el espacio, sino en el tiempo. Desde Dongbaoxing se puede ver la torre Perla de Oriente, símbolo del crecimiento económico de China. Pero en esta estrecha calle del norte de la ciudad el tiempo se detuvo hace tres décadas, cuando comenzaron las reformas económicas de Deng Xiaoping: Estas callejuelas esconden sorpresas en cada esquina.

China pasa de la sociedad horizontal a la vida vertical. Esta transformación urbanística impacta directamente en la sociedad. Adiós a la vida de barrio.

Nada mejor para hacerse una idea general de lo que supone este desarrollo que una visita al Centro de Planificación Urbana, una gigantesca mole situada en el corazón de la ciudad, la Plaza del Pueblo.

En su interior, una gigantesca maqueta proporciona una perspectiva histórica que se adentra en el futuro. Muchos visitantes se quedan boquiabiertos al enfrentarse a una realidad tan distante de la que ha creado el imaginario colectivo.

Nada de templos y gorros cónicos. Aquí predominan el asfalto y la vanguardia de la arquitectura. Es la ambición de China. Zigor Aldama es periodista.

A nosotros, por ejemplo, nos habló la de Educación Física, puso de ejemplo el machismo en la Olimpíadas pero en las clases nos siguen tratando diferentes a los varones que a las mujeres. Nosotras tuvimos que hacer nuestro protocolo propio para actuar en casos de violencia, porque lo que te dan de ESI es nada. Viene una un día y dice: Siempre van por el lado de tapar las cosas en lugar de problematizarlas.

Y muchos alumnos repiten eso. Sólo lo ven si pasó en una toma. Nosotras podemos avanzar y hablar. Yo estoy ahora en una relación heterosexual y sé que hay cosas que no voy a permitir nunca. Ellas se transforman y a su alrededor no se puede fingir indiferencia. Les pasa en la escuela, en las fiestas, dentro de sus casas. El nivel de acoso es impresionante, pero entre nosotras nos cuidamos, cuestionamos, dejamos de depilarnos si se nos da la gana, ponemos nuestros límites.

Y siempre decimos que somos feministas para que sepan con quienes se enfrentan. Y ellos terminan cambiando. Y mi hermano, bueno, creo que lo dejé re traumado, le toqué algunas fibras. Mis viejos hablan de estas cosas pero hablan desde el miedo. Tienen miedo de que nos pase algo. Esa es mi cruzada, que deje de verla. También tenemos que decir que nuestras escuelas son bastantes privilegiadas, porque hay organización, porque muchas tienen orientación artística y eso da apertura.

Pero tengo una amiga lesbiana que se cambió de escuela y me llamó porque la habían encerrado en un baño por eso.

Y fantasean con transformar eso también, con diseñar viajes feministas para celebrar el fin de ciclo. No le temen a la duda, al contrario, buscan alternativas, inventan sus propias herramientas, usan las dudas como linternas para encontrar sus propios caminos. Nosotros en el Pelle hicimos un protocolo pensando en incluir una referente que sea mujer y que sea externa a la escuela, para que no esté contaminada con eso que se dice siempre: Tiene que haber inmediatez para separar a la víctima del victimario.

Pero no es la víctima la que se tiene que cambiar de curso. Y ese es un problema. Nuestros compañeros son chicos. Habría que poder educar para que dejen de violar pibas, pero dejar de decirnos a nosotras que tenemos que cuidarnos y no provocar. Dejar la incomodidad de lado y trabajar desde muchos sectores. Yo, lamentablemente, al que me abusó le deseo lo peor, pero entiendo que no es así.

Mi lugar es complicado. A mí denunciar en una fiscalía me sirvió un montón para dejar de sentirme sola, de llorar sola, para que todas mis amigas entiendan y yo también, de qué se trata.

PREPAGOS VENEZOLANAS CHICAS DESNUDAS MUY PUTAS